Ibarrola en Garoza es un proyecto de arte y naturaleza concebido y desarrollado por el pintor y escultor vasco Agustín Ibarrola

Un sorprendente conjunto compuesto por 115 piedras de grandes dimensiones dotadas de diferentes significados y repartidas por una dehesa de casi 11 hectáreas adecuadas para la visita pública mediante senderos.

Garoza es el resultado de un íntimo y profundo diálogo entre Agustín Ibarrola y los granitos que afloran por doquier en la dehesa, con las encinas que conforman el bosque e incluso con la memoria de pobladores pasados de esta tierra que también dejaron su huella en piedra. La obra aborda un tratamiento integral del paisaje.

Múltiples puntos de vista

para cada obra

El trabajo de Ibarrola invita a rodear las piedras, a observarlas desde distintas posiciones y observar las relaciones entre las diferentes piedras pintadas y entre las piedras y el resto del paisaje.

Los árboles, el cielo y la luz, que va cambiando a lo largo del día y con ella cambian los colores, el brillo y la posición de las sombras que se proyectan sobre las obras para ofrecernos diferentes perspectivas.

“las piedras tienen formas; las formas sugieren siempre un tratamiento geométrico, el tratamiento que la puedes dar por sus huecos, por sus volúmenes, por sus planos… son piedras rotas, abiertas. No se pueden ver de un solo vistazo”.

Garoza, un espacio

de experimentación artística

La obra que desarrolla Ibarrola en la dehesa responde a las investigaciones en torno al espacio y la geometría que al artista desarrolla en toda sus obras.

“Las piedras tienen concavidades y convexidades, huecos y volúmenes. Yo puedo trazar una línea recta situándome frontalmente a estos huecos y volúmenes, pero en el momento que me desplazo medio metro han dejado de existir las líneas rectas y se han convertido en líneas curvas y hay que jugar con todas las posibilidades expresivas.

Hay partes de la roca que no he pintado. ¿Qué ha ocurrido con esto?, la roca tiene piel aparte de curvas huecos y volúmenes. Tiene piel como todas las cosas de esta tierra; el mundo tiene sus superficies que son diversas en sus texturas. … la parte no pintada está estructurada geométricamente. No de acuerdo con la geometría tradicional, sino con la geometría moderna que hace que una cosa pueda estar detrás y delante al mismo tiempo…”.

Antecedentes de Garoza

Entre 2005 y 2009, Agustín Ibarrola pintó 115 piedras en la dehesa de Garoza. La intervención, supone la culminación de su serie “Bosques” que arrancó en el Bosque de Oma (Kortezubi, Bizkaia), realizado entre 1983 y 1987, y continúa con obras como Las Piedras de Arteaga (Bizkaia), El Bosque de O Rexo (Allariz, Orense), El Bosque de Olmos Secos (Salamanca) o Los Cubos de la Memoria (LLanes, Asturias).

A diferencia de otras intervenciones en el paisaje, la obra que desarrolla en la dehesa castellana no cuenta con equipo de colaboradores, si no que el artista conceptualiza y ejecuta todo el proyecto en un diálogo íntimo entre artista y naturaleza.

Una obra abstracta

y abierta a la interpretación

“Yo estoy convencido que el artista, el creador no haría bien en poner títulos: la historia de una creación se dirige a sensibilidades distintas y cada sensibilidad interpreta y debe interpretar con más matices o con matices diferentes… cada piedra tiene su identidad llena de posibles interpretaciones.”